2012-11-20

LA MÚSICA DE HOY YA NO ME DUELE


Mi abuelo dijo una vez: “lo que más disfruto de la vida es; pararme en la barra de un bar y pedir un ron”, no entendía que le veía de espectacular a tal menester si todos los días bebía por lo menos un en casa, colocaba sus acetatos en la consolay le cantaba a mi abuela:
Perdon, vida de mi vida
perdon, si es que te he faltado
perdon, cariñito amado
angel adorado,
dame tu perdon.
No sé por qué todo el día he tenido esas palabras en mi mente, seguramente es por mi afán de contradecir a mi madre y sus buenas costumbres; recuerdo cuando niña mi abuelo jugaba baraja en el patio de la vecindad con sus compadres, le gustaba sentarme en sus piernas, decía que le traía buena suerte, mi madre pegaba de gritos cada que lo veía. Yo sólo recuerdo que era feliz, al terminar la partida de daba una moneda de cinco pesos que tenía un Quetzalcóatl como cara, me decía:
- Esta mi negra es la serpiente emplumada, lo que pidas ¡te lo dá!
Efectivamente yo le pedía una helado y siempre me alcanzaba; hasta que un día él se fue.
La escuela, los nuevos proyectos y la iglesia de todos los domingos impuesta por mi madre terminaron por absorber esos recuerdos.
Hoy que crujen los maderos del recuerdo de la infancia, hoy que me resisto a asistir a la celebración religiosa en su honor, hoy que me intrigan sus palabras, decido que lo que debo hacer para rendirle tributo es pararme en la barra de un bar y tomarme una cerveza.
En la cantina sucia y agrietada por el tiempo sólo se siente el picor agrio y añejado del escabeche es temprano aún, sólo un trio de parroquianos jugando dominó, el mozo del mandíl desgastado con el rostro enjuto e inmutable sólo me mira esperando que recite mi pedido:
- una caña.
-Este no es lugar para una señorita.
- No me venga con sermones, una caña.
Sólo se limita a hacer un gesto de fastidio y la sirve.
De la puerta entreabierta de los mingitorios se alcanza a ver la silueta de un hombre gordo trastabillante.
Mis ojos recorren el lugar y al termino de la barra se encuentra un vaso vacio y opaco aderezado por una pila de limones y cascaras de cacahuates.
El gordo se acerca a su vaso y lo empina como buscando el infinito agotado y balbuceando pide otro ron;
El mozo si voltear y automáticamente dice:
-Primero paga.
Entre susurros sólo se escucha al gordo que repite la misma oración: La música de hoy ya no me duele, la música de hoy ya no me duele, la música de hoy ya no me duele…
Al parecer percibió mi mirada en su rostro y se acercó a mi: sin más mi más me dijo:
- ¡No me escrutes más! Es sólo qué, a veces pienso que de una forma u otra se naturaliza el dolor. Te acostumbras a ese malestar que de continuo te provoca el recuerdo de algún tiempo mejor y pretendes enraizarte en la creencia de que seguro vendrán rachas mejores, como si te hubieras tragado de una sola vez todos los libros de autoayuda, te dices a ti mismo: ¡aguante!
Y, en realidad, ya no aguantas más, resistes sin saber de qué forma hacerlo, te entregas al devenir, otra no te queda. No haces nada por torcer ese futuro o nada de lo que haces te sirve, si quieres ponerlo de otra forma. Entonces piensas, más deseo, más me alejo...adviertes el cansancio de sentirte un extraño en tu propio cuerpo. Te vas.
El amor ambidiestro.
Ese amor que sentiste una vez, no es el mismo, te duele, te duele más ese amor que se fue, que el que hoy sientes.
O prefieres no sentir nada, entonces ya no amas, tomas esa determinación y en un segundo, lo dejas todo.
Eliges emborracharte, respirar, los finales abiertos.
Morir y seguir viviendo. La música de hoy ya no me duele.
Por eso vengo aquí porqué si escucho a Daniel santos, a la Sonora Santanera, a Julio Jaramillo. ¡Me siento vivo!
Si salgo de aquí: La música de hoy ya no me duele.
Y los recuerdos es lo único que me queda.
Sólo te pido dos cosas: un trago de ron y cinco pesos para la rocola. Ahora no me puedo ir, está nublado y pronto lloverá, cuando me la acabe esto estará lleno y no faltará quien se compadezca de mí; me compre otro ron y llene de cincos la rocola.

No hay comentarios: